Más allá de la cúpula del trueno

A la espera de Mad Max 4 en esta era ‘del click’, del todo rápido y no preguntes que no interesa, Mad Max III, más allá de la cúpula del trueno, es la última de la saga protagonizada por el ‘mal visto” Mel Gibson. Es cierto que no es un ‘peliculón’, pero lejos de parecer un experto crítico de cine, y como decía Hemingway: ‘si lo que dices lo haces con el corazón y la verdad, es bueno’, Mad Max III esconde un mensaje para la reflexión. No vemos ningún rastro de civilización, nada más que negociudad, que se levanta en un desierto alejado del paraíso. Después de la gran guerra por el oro negro que devastó en un principio todo, de nuevo se ven sin nada y otra vez comienzan como antes. ¿Dinero? no, se utiliza el trueque. ¿Gasolina? No, el metano obtenido de los gorrinos (antes también pero de otra clase de cerdos) es el recurso que persiguen. Al otro lado de las dunas se esconde una aldea ajena a los negocios, a las normas y a la supervivencia del más fuerte. No así a la espera de un salvador, el Capitán Walker, el que consiga llevarles al mañana-mañana. Aquí se centra lo menos violento, la parte con menos acción del film, pero aquí vemos claro el mensaje. Después de tanta destrucción y desolación y siguiendo lo que sería justo en la naturaleza, tiene que venir el renacer de una sociedad, ¿no? Una sociedad regeneradora que, sabiendo lo que ocurrió en el pasado y sin olvidarlo, ha de luchar por la utopía de un mundo en el que lo material no ha de ser indispensable para sobrevivir, ¡sino para vivir mejor! Como bien se dice en la película, ‘recuerda, lo que oyes hoy tienes que contarlo a los nacidos mañana’.

Adjunto la introducción de la segunda parte, que aunque tenga mucha más acción, también esconde ese mensaje de reflexión…

Intro de Mad Max II

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