El Perseo, de Benvenuto Cellini.

¡Aiba la hostia! Eso es lo que dijimos al ver por primera vez la escultura… La estatua de bronce se ubica en la Piazza della Signoria, concretamente en un corredor dentro de la misma conocido como la Loggia dei Lanzi, en Florencia. La obra nos muestra a Perseo sosteniendo la cabeza que acaba de cortar a la Gorgona Medusa, monstruo de la mitología clásica griega y que alegoriza la victoria de Cosme I de Medici sobre los republicanos. La escultura es de factura Manierista, es decir, ‘a la maniera’ que pintaban Miguel Angel, Rafael o Leonardo. Se trata de una reacción anticlásica de la segunda etapa del Renacimiento: los cuerpos se alargan y se contorsionan como esas obras de El Greco, uno de los pintores que elevaron al máximo dicha técnica. Al contrario que las obras de Giambologna, donde los cuerpos se mezclan a través de lo que se conoce como ‘La Serpentinata’, la obra presenta un suave dinamismo en el ‘contrapposto’ de la pierna. Es más, Perseo es uno de esos héroes serenos de la etapa clásica pero que aquí no reflexiona, sino que actúa y vence. Incluso no ha soltado todavía la espada y sigue pisando a Medusa. Tiene que pasar mucho tiempo para ver tal alargamiento en las obras de arte, concretamente en las Vanguardias del siglo XX. Entonces, ¿El arte es como el círculo de la vida, un eterno retorno? Por otra parte, el pedestal, que es una obra maestra de orfebrería donde vemos entremezclados elementos del arte romano y renacentista, lo encontraremos en el Museo Bargello de la ciudad florentina, pues el de la Loggia es una copia.

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